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Medicina escolar y aprendizaje

Fichas sobre patologías

Medicina escolar y aprendizaje

Desarrollo en niños y niñas y en adolescentes

El desarrollo en niños y niñas y adolescentes es un proceso complejo en el que se ven implicados tento el cuerpo como la mente. 

Cualquier niño o niña o adolescente puede verse expuesto a dificultades.

No siempre es fácil observar, por una parte, comportamientos que dejen entrever los trastornos menores en el proceso de desarrollo y, por otra, la expresión de un sufrimiento psíquico que pueda enmarcarse en una patología. 

A menudo se aborda la noción de sufrimiento psíquico, relativamente mal definida, sin especificar su contenido.

Aunque el sufrimiento psíquico puede expresarse a través de una variedad de comportamientos y trastornos, estos no pueden, por sí mismos, considerarse medidas fiables para dicho sufrimiento. 

En algunos casos, el comportamiento de los alumnos no revela sus dificultades, por lo que el sufrimiento puede ser silencioso. 

Desde un punto de vista preventivo y según la terminología de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es importante consolidar las aptitudes psicosociales en niños y niñas y adolescentes para que puedan darse cuenta y expresar que algo no va bien. 

La OMS define las competencias psicosociales (CPS) como «la capacidad de una persona para enfrentar eficazmente las exigencias y retos de la vida diaria. Es la capacidad de un individuo de mantener un estado de bienestar mental a través de un comportamiento apropiado y positivo en su interacción con los demás, con su propia cultura y con su entorno».

No solo debemos ayudarles a identificar los pequeños signos, sino que también debemos ayudarles a expresarse. 

Cuanto peor se encuentre un individuo joven, menos probable será que busque ayuda.

La disminución del rendimiento académico puede ser una señal de alerta. 

Sin bien, unos excelentes resultados tampoco son garantía de bienestar psíquico.

 

Niños y niñas

Ya en la guardería, el niño expresa gradualmente cuáles son sus intereses y conocimientos escolares y extraescolares en actividades intelectuales, deportivas y culturales. 

Es la primera fase del aprendizaje escolar. Los vínculos se diversifican y se extienden a lo extrafamiliar con nuevas interacciones —profesores, compañeros, etc.—.

Durante la infancia, los signos de sufrimiento psíquico pueden ser evidentes —oposición, desafío, impulsos en la preadolescencia—, pero también silenciosos —retraimiento, inhibición, etc.—. 

El absentismo escolar es también una señal de alerta. 

Sin embargo, es sobre todo una etapa en la que hay que prestar atención a aquellos signos menos conflictivos para el entorno y el centro, que pueden aparecer tanto en el campo de la interacción como en el del conocimiento intelectual y escolar.

 

Adolescentes

La adolescencia es una etapa de transformación física y psicológica durante la cual los adolescentes y las adolescentes experimentan cambios en su relación consigo mismos/as, con los demás y con el mundo. 

Y la capacidad de adaptación es clave. Esta adaptación se suele conocer en la adolescencia como «crisis».

No obstante, hay adolescentes para los/las que esta etapa representa un sufrimiento. El sufrimiento es una noción subjetiva que puede expresarse a través de un espectro de comportamientos y acciones.

Las señales de alerta pueden ser muchas y no específicas. Una misma señal puede corresponder a un trastorno de desarrollo sin gravedad —«crisis»—, a la expresión de un punto débil que puede resultar en una patología o a la expresión de una patología ya existente.


 

Niños y niñas y adolescentes con dificultades de aprendizaje en la escuela

  1. Descripción

El aprendizaje escolar se encuentra en un punto intermedio entre el desarrollo cognitivo y psicoafectivo de los niños y niñas.

Frente a alumnos con dificultades escolares, será necesario combinar estos dos enfoques para comprender cuáles son dichas dificultades. Se distingue entre los trastornos de aprendizaje vinculados a la indisponibilidad psíquica causada por una afección psicopatológica —depresión, ansiedad, etc.— y los trastornos específicos de aprendizaje vinculados a anomalías del desarrollo neurológico —trastornos del lenguaje oral, trastornos del lenguaje escrito, trastornos del desarrollo de la coordinación, trastornos del cálculo, déficit de atención con o sin hiperactividad, etc.—.

 

2. Recopilación de información

Será necesario plantear una serie de preguntas previas que permitan identificar el tipo de trastorno de aprendizaje:

●● ¿Las dificultades escolares han existido desde siempre o son algo reciente?

●● ¿Las dificultades escolares se manifiestan en todas las áreas o en áreas específicas —lectura, escritura, cálculo, la geometría, etc.—?

●● ¿Las dificultades escolares forman parte de un cuadro en el que se manifiestan otros signos —dificultades de concentración, problemas de comportamiento, dificultades en las relaciones con otros niños, extrañezas, etc.—?

●● ¿Todos los profesores han observado estas dificultades escolares?

●● ¿Los trastornos de aprendizaje se manifiestan también en un contexto extraescolar?

 

El personal docente podrá contribuir a perfilar las observaciones:

●● ¿Cómo es la relación del niño o la niña con los profesores y con los compañeros?

●● ¿Cómo se comporta el niño dentro y fuera del contexto de aprendizaje —en el patio, en el comedor, etc.—?

●● ¿Cómo reaccionan los padres frente a las dificultades del niño o la niña?

Cuando la situación persista a pesar de haber tomado todas las medidas necesarias de escucha y apoyo, el profesor se reunirá con los padres para informarles con tacto y delicadeza de las preocupaciones de la escuela, sin perder nunca de vista el sufrimiento del niño o niña o del adolescente o de la adolescente y de los padres en estas situaciones. Querrá saber qué piensan y cómo entienden las dificultades de su hijo o hija.

Además, propondrá una reunión con el psicólogo y el médico de la escuela para completar la evaluación de las dificultades del niño. 

El médico de la escuela redactará un informe sobre el impacto de los posibles problemas de salud y los aspectos cognitivos y emocionales.

 

3. Acciones caso por caso

El funcionamiento psíquico e intelectual en niños y niñas no solo representa los aspectos cognitivos: la autoestima, la confianza en sí mismo/a y la ansiedad tienen un impacto considerable en la capacidad de aprendizaje. 

Asimismo, los trastornos cognitivos y/o instrumentales pueden dejar secuelas considerables en la visión de sí mismo/a del niño o la niña/adolescente, lo que intensificará sus dificultades.

Así pues, la evaluación por parte del psicólogo y la consulta con el médico de la escuela son esenciales, ya que permiten conocer la visión que el joven o la joven tiene de sí mismo/a, cómo es su confianza en sí mismo/a, cómo son sus ganas de aprender o su fuerza frente al fracaso o la falta de competencias, cómo afronta el miedo a decepcionar al profesor o a sus padres, cómo vive su estrés durante las evaluaciones o qué tipo de reacciones emocionales experimenta —llanto, tristeza, indiferencia, etc.—. 

También será importante evaluar el impacto que tienen estas dificultades en los vínculos con sus padres y con sus compañeros.

Además, será necesario identificar con el alumno o la alumna y sus profesores los posibles acontecimientos de la vida que puedan comprometer los resultados:

●● Dificultades externas que experimente el niño o la niña: separaciones familiares, cambios en los hábitos de vida, etc. 

●● Dificultades en la escuela: marginación, acoso.

●● Traumas graves: abandono, carencias, maltrato.

El médico de la escuela realizará un chequeo médico en los casos de trastorno de aprendizaje. Evaluará las dificultades del niño o la niña y podrá proponer una consulta o una valoración especializada que permitan evaluar estos trastornos y sus especificidades. 

Derivará a los especialistas y hará un seguimiento en el entorno escolar.

El médico de la escuela, con el acuerdo de los padres, podrá ponerse en contacto con el médico de cabecera y contribuir en el tratamiento y, si es necesario, derivará al niño o a la niña a un servicio especializado local —Centro Médico-Psicológico, Centro de Atención Terapéutica a Tiempo Parcial, etc.—.

Es esencial evaluar con precisión estas expresiones y adaptar determinadas prácticas cuando sea necesario. 

De este modo:

●● El profesor podrá derivar a los niños y niñas directamente a un ortofonista cuando identifique dificultades en el aula, aunque se necesitará un volante médico. En la mayoría de los casos, son los médicos de cabecera quienes lo extienden y reciben el informe. 

Será conveniente informar al médico de la escuela, como ocurre con todas las solicitudes de adaptación pedagógica en el marco del Plan de Acogida Individualizado (PAI) en Mónaco*.

●● La derivación a centros de atención médico-psicológica o a centros de atención para trastornos de aprendizaje, exclusiva para casos complejos, compete al médico y no es siempre la primera opción.

●● Todo el equipo educativo debe contribuir a que no se denomine «trastorno» a lo que en realidad no es más que una dificultad.

●● Dependiendo de la evaluación, se podrá recurrir al PAI.

●● La apertura de un expediente ante la Comisión Médico-Pedagógica (CMP) solo será posible en determinados casos que hayan sido objeto de una evaluación multidisciplinar y no siempre será la primera opción.

 

*En Francia, es posible una adaptación pedagógica gracias al Plan de Acompañamiento Personalizado (PAP) —ver Boletín Oficial n.º 5, de 29 de enero del 2015—.

 

Dra. Jeanne-Marie BERMON, médico escolar en la Inspección Médica Escolar.