actus MonacoSanté
Noticias
Volver
Niños difíciles (3.ª parte)

Niñez

Niños difíciles (3.ª parte)

Redactores: Doña Elise NOIROT y doña Sophie COURBION, neuropsicólogas;
bajo la supervisión de la Doctora Marcelline RENAUD-YANG, psiquiatra infantil, CATTP/CDTA, Centre Plati, Mónaco.

Comprendiendo la desregulación emocional:

Los acontecimientos que provocan emociones intensas pueden dar lugar a un estado de ánimo perdura todo el día. Esta emoción «aún no digerida» obliga al niño/a la niña a realizar un esfuerzo para poder contenerse (sobre todo en entornos menos flexibles, como lo es la escuela). Cuando el niño/la niña vuelve a casa, se produce un efecto que podríamos llamar «de olla a presión» (estado de desbordamiento emocional), al que se une una sensación de mayor libertad de expresión.

Todas las emociones, incluso aquellas que se consideran positivas, pueden provocar cierta desestabilización interior.

Los ataques de ira representan nacen de una reacción fisiológica que dura una media de unos veinte minutos, como ya dijimos en nuestro artículo anterior. Estas crisis se presentan en tres fases:

  • Escalada (el momento perfecto para la aplicación de estrategias). Es precisamente aquí donde se producen los cambios fisiológicos. El diálogo, que, aunque resulte difícil, sigue siendo posible (verbalización de lo que está ocurriendo).
  • La crisis, propiamente dicha: el niño/la niña ya no está abierto/a al diálogo. Se trata de una fase de impetuosidad y se asocia a la provocación. El niño/la niña buscará entonces una respuesta por parte de sus padres/madres, que es a menudo lo contrario de lo que ellos/as desean o esperan; por lo que aumenta así la duración de la crisis (espiral). Si el padre/la madre ha recurrido a una red de ayuda, lo ideal será recurrir a alguno de sus miembros en ese mismo momento y desvincularse de la situación.
  • La fase siguiente a la crisis (fase variable), que presenta repercusiones físicas (agotamiento, sueño, etc.), suele saldarse con un sentimiento de vergüenza y culpa por parte del niño/de la niña.

¿Cómo enseñar a los/las niños/as a controlar su cólera?

La idea es buscar y encontrar soluciones con el niño/la niña que le permitan deshacerse de su cólera y ayudarle a encontrar formas de respuesta (reparación) cuando haya habido algún desperfecto material.

El niño/la niña necesitará experimentar sensaciones intensas en su cuerpo que le ayuden a tranquilizarse (p. ej.: escuchar música con el volumen muy alto, hacer fuerza con las manos como si estuviera empujando una pared, etc.). El niño/la niña necesitará acompañamiento al principio cuando se produzcan este tipo de episodios.

Controlar las crisis de cólera gracias a las neurociencias:

El cerebro se divide, de forma esquemática, en tres partes:

  • La parte primaria, que corresponde al cerebro reptiliano.
  • La parte emocional (que gestiona el sistema límbico).
  • El neocórtex.

Del mismo modo que en la cabina de un avión, el que se encarga de las funciones primarias (como lo son los latidos del corazón, la temperatura corporal, etc.) es el mecánico de a bordo (al que nunca oímos). «Hace lo que tiene que hacer», por así decirlo.

Después está el copiloto (muy visceral, el «temerario» de turno), al que hay que supervisar en todo momento cuando toma las riendas del avión.

Y, por último, el comandante (el que tiene experiencia); el equivalente a nuestro neocórtex, el sabio mayor.

En el cuerpo de un niño/una niña pequeño/a, el comandante acaba de obtener un ascenso. No tiene aún ni mucha experiencia ni mucha madurez. Cuando el niño/la niña experimenta un episodio de cólera (llora, etc.), es el copiloto (sistema límbico) quien toma el mando. Y al neocórtex, a pesar de su sabiduría, le cuesta volver a controlar la situación. Con una pregunta abierta dirigido al niño/a la niña («¿Qué te he dicho?»), el niño/la niña se verá obligado/a a reflexionar y hacer así que su comandante reaccione (que se encuentra en alguna parte, aunque no se sabe dónde). No se puede contar aún con la sabiduría del neocórtex, por lo que se intenta dirigir al copiloto («Don Visceral»). Y este último sólo puede hacer una cosa a la vez (no puede estar enfadado y alegre al mismo tiempo). Para pasar de un estado a otro (de la cólera al sosiego), se necesitará el mismo nivel de energía que se ha necesitado durante los momentos de cólera. Se puede recurrir al método del «interruptor» (p. ej.: sobreactuar con asombro, sorpresa, poner de relieve algo que le encante al niño/a la niña). Es decir, recurrir a aquello que despierta su interés).

Por último, es necesario saber que a un/a niño/a enfadado/a le costará entrar en razón, ya que el neocórtex es aún muy joven e inmaduro. Pero existen dos trucos:

  • Ayudar al niño/a la niña haciéndole preguntas abiertas para hacerle entrar en razón. Esto le obligará a pensar y a utilizar los circuitos neuronales del neocórtex.
  • Puesto que el cerebro emocional sólo puede realizar una tarea a la vez, habrá que optar por la técnica del «interruptor» para que el niño/la niña sustituya su sentimiento de cólera por otro tipo de emociones (p. ej.: la sorpresa). Recurrir al lenguaje no verbal (mímica, entonación, etc.).

Por tanto, resulta imprescindible conocer las diferentes etapas de una crisis (de manera general) y centrarse en los pasos necesarios para neutralizarla, y evitar así situaciones difíciles a los padres y madres, a los acompañantes externos y a los propios niños y niñas.

Puede leer el primer artículo de la serie aquí.

Puede leer el segundo artículo de la serie aquí.